Un viaje al altiplano andino nos permitirá descubrir las ruinas de una de las grandes civilizaciones americanas de la era precolombina. La cultura Tiwanaku. Reflejo de su importancia son las construcciones que nos han legado, en base a inmensas piedras, respiran la luz de las altas montañas en las que se remontan.

Tiwanaku: Ruinas Pre Incas en Bolivia

La ciudad de Tiwanaku, a orillas del río del mismo nombre fue su capital y llegó a albergar alrededor de 40000 personas entre los siglos I y II d.c. Es aún hoy resguardada por vigilantes megalíticos, que según la leyenda son la raza de gigantes anterior a los hombres, petrificados en castigo por sus actos por el dios Wiracocha. Las ruinas de la ciudad de Tiwanaku comprenden la pirámide escalonada de Akapana, el templo de Kalasasaya, observatorio astronómico en el que se erige la Portada del Sol, el Kerikala, el Puma Punku y el Putuni, palacio de los sarcófagos, construidos con piedra andesita, megalitos posiblemente transportados en embarcaciones de totora a través de las aguas del Lago Titicaca.

Una de las imágenes más portentosas de la antigua arquitectura mundial es justamente la Portada del Sol, labrada en una sola pieza de andesita de aproximadamente 10 toneladas de peso, con una iconografía precisa del Señor de los Báculos rodeado de seres alados, sobre un espacio vacío que indicaría que fue abandonada antes de poder ser terminada.

Tiwanaku: Ruinas Pre Incas en Bolivia

Y el Puma Punku, o Puerta del Puma, es por su parte otro templo que parece crecer en el imaginario de visitantes e investigadores. Su construcción está formada por colosales bloques de piedra andesita de hasta 100 toneladas, colocadas y cortadas con exactitud milimétrica y angulación precisa, que parecen ser la base de una estructura aún mayor. El misterio de su construcción se debe a que data de un tiempo en el que, supuestamente, no podía haber más que cinceles de cobre y martillos de piedra. Algunos incluso han hablado de participación extraterrestre.

Y es que las ruinas de Tiwanaku despiertan un asombro del que las más increíbles teorías son sólo una puerta de ingreso para la experiencia real del viajero.